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Quieren autoabastecer a la UNCuyo con biocombustibles
Obtener petróleo pesado y bombear un pozo en donde el mismo elemento se encuentra en estado líquido, posee costos diferentes. Lo mismo puede suceder cuando se pretende producir biocombustible a partir de cultivos sembrados en suelos tan disímiles como son, por ejemplo, el de Mendoza y el de la Pampa Húmeda. Por este y otros motivos, la Universidad Nacional de Cuyo lleva adelante un programa que tiene, como uno de sus objetivos principales, estudiar todo el proceso para saber si la energía que se invierte es mayor o menor a la que se obtiene. El esfuerzo multidisciplinario de tres unidades académicas como son las facultades de Ciencias Agrarias, Ingeniería y Ciencias Aplicadas a la Industria tiene una duración de cuatro años. Los proyectos -en constante interrelación- apuntan a estudiar el ciclo completo de los biocombustibles desde su elección y cultivo hasta su utilización. Con el apoyo de YPF y bajo una modalidad investigativa inédita en el país, los responsables esperan autoabastecer a toda la Universidad para 2010.
Para ello, ya han hecho sus números y con el cultivo de al menos treinta hectáreas de colza (una planta de la que se obtiene aceite que sirve para producir biodiésel) los móviles de la principal casa de altos estudios de Mendoza podrán traccionar motores gracias al combustible producido por el Programa en las dos plantas ubicadas en San Rafael. Más allá de las discusiones y objeciones que trae aparejado el tema de los biocombustibles, lo cierto es que se trata de una tecnología instalada con cada vez mayor fuerza en el país y en la provincia. En este sentido, el ingeniero y doctor en ingeniería Jorge Núñez Mc Leod -director del Programa de Bioenergía- destacó que, aunque se trata de una solución transitoria entre otros carburantes posibles, es imprescindible contar con laboratorios de control de calidad, ya que cada vez son más las personas que elaboran por cuestiones de necesidad o conveniencia.
Por este motivo, desde que en 2006 comenzó el proyecto, los investigadores reclaman al Gobierno Provincial la construcción de un laboratorio de este tipo. En especial teniendo en cuenta las altas posibilidades de dañar o fundir el motor cuando estos combustibles contienen impurezas o restos de agua. "Nuestra idea era ir armándolo a lo largo de los cuatro años, pero la gestión anterior nos pidió que adelantáramos los tiempos debido a que querían comenzar a certificar calidad lo antes posible", contó.
No obstante, el millón de pesos requeridos aún no comienza a salir de las arcas estatales a pesar de las tres reuniones mantenidas con el nuevo gobierno. La insistencia de los miembros del programa no se debe tanto a un interés personal para testear su producción (ellos pueden hacerlo con el equipamiento de YPF), sino debido a la certeza de que se trata de una realidad instalada.
Prueba y error: El Programa de Bioenergía apunta a conocer las posibilidades de producción de biocombustibles en el oeste argentino, con sus características específicas de suelo y clima. "Las metas se basan en encontrar cultivos sustentables para la zona", advirtió el ingeniero. Es decir, evaluar la conveniencia real de sembrar para producir biocombustibles.
Así, y aunque todavía no existen estudios concluyentes, se pretende obtener aceites a partir de las plantas que se adapten mejor a las condiciones mendocinas. De este modo, hay proyectos con diferentes cultivos, pero es la jatropha una de las plantas a la que -por ahora- apuestan los investigadores como cultivo ideal para elaborar biodiésel en la provincia.
Se trata de una variedad que crece en la zona cordillerana de manera natural y, en este sentido, parecería una excelente opción para el desarrollo del biocombustible en una zona árida como la nuestra. La biomasa, de origen forestal, es otra opción para producir materia lino celulosa útil para calefaccionar. Por otra parte, en los alrededores del edificio Imeris de la facultad de Ingeniería se ha instalado una pequeña planta de experimentación. Con la capacidad para producir 300 litros, la idea es estudiar diversas materias primas para elaborar biocombustibles. Lo que sobra de las frituras de los restaurantes y los efluentes de las avícolas son algunos raros materiales de los que se podría obtener algo para alimentar a los motores. Además, se intenta que los procesos de elaboración sean "amigables con el entorno" con la premisa de evitar la contaminación en los distintos niveles de producción así como de aprovechar al máximo todos los materiales involucrados. Experimentos y ensayos mediante, en menos de dos años, los investigadores mendocinos podrán aportar importantes conclusiones. (Los Andes, Mendoza)
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