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Biodiésel, una industria que queda al borde del knock out
"Es un mercado de lapicera." Así de contundente es la frase que lanza un curtido empresario, experto en las lides de captar inversiones privadas para desarrollos agropecuarios y que de biodiésel, algo conoce.
Es que en Europa, los Estados Unidos o la Argentina misma, el mercado de los biocombustibles se mueve al compás de la política. Pueden ser subsidios, precios mínimos, corte obligatorio o diferenciales aduaneros, pero en última instancia un sistema que no se basa en los precios relativos de insumos y producto final, sino en la voluntad de los Estados expresados en las políticas.
Pero aunque fuera esperable, en la Argentina el cambio de las reglas de juego se dio tal vez demasiado temprano.
Ocurrió el viernes 10 de agosto mediante la promulgación de un decreto y dos resoluciones que dejaron a la industria del biodiésel prácticamente al borde del knock out.
El Decreto 1339/2012 elevó de 20 a 32% los derechos de exportación del biodiésel y le quitó al mismo tiempo los reintegros.
Por su par te, la Resolución 1.436/2012 de la Secretaría de Energía estableció un nuevo precio para el biodiésel destinado al corte interno, fijado en $4.405,30 por tonelada, versus los $5.197,70 que establecía esa misma Secretaría para julio, pero basado en otra metodología. Es que por medio de una resolución conjunta también promulgada ese viernes por los ministerios de Planificación, Economía e Industria, se creó una comisión interministerial encargada de fijar los precios, en reemplazo de la fórmula vigente desde que opera el corte obligatorio.
Los jugadores. Se puede decir que en el negocio del biodiésel en la Argentina operan u operaban tres tipologías bien definidas:
a) Grandes aceiteras que solas o asociadas sumaron al crushing la conversión del aceite en biodiésel, con orientación a la exportación.
b) Grandes emprendimientos nacionales sólo de biodiésel, que compran la materia prima a las aceiteras, también orientados al mercado externo.
c) Empresas nacionales de mediana a baja escala, radicadas en los lugares de producción de la soja, que vuelcan su producción al corte interno. Pueden hacer o no el crushing, que en todo caso se hace por extrusión y no por extracción con solvente como las mega.
Todos estos jugadores habían convergido ante el Estado para llevar adelante acuerdos de provisión de biodiésel con destino al corte obligatorio.
El último fue ratificado por Resolución ministerial 56/2012 en marzo de este año. Por este acuerdo, 27 empresas se comprometieron a entregar 1,3 millón de toneladas de biodiésel a las mezcladoras (petroleras) a lo largo de este año.
Acá claramente se ve que las pequeñas plantas de hasta 50.000 toneladas volcaban íntegramente su producción al corte, mientras que las grandes proveían una quinta o sexta parte de su capacidad, dejando el resto destinado a la exportación.
Razones
La explicación a la doble tenaza aplicada al sector, esto es suba de aranceles de exportación y baja del precio interno no es fácil de hallar, lo que obliga a un análisis y posterior hipótesis. Así surgen una cantidad de elementos que podrían explicar las medidas, aunque no justificarlas.
a) Derechos de exportación. Dado que el biodiésel tiene como materia prima al aceite de soja, había un volumen (1,7 millón de toneladas en 2011) que se iba al exterior tributando 20% y con reintegros de 2,5%, en vez de hacerlo pagando el 32%. Si la idea es recaudar más, era una vía posible.
b) Frenar el panel. Se había presentado ante la OMC un panel (disputa) por el diferencial de retenciones que aplicaba la Argentina al biodiésel, considerándolo un subsidio encubierto.
También podría entrar en esta categoría las observaciones paraarancelarias que la UE le hace al biodiésel obtenido de la soja.
c) Gasto en biodiésel. Ahora que YPF está en manos del Estado, la baja del 15% en el valor de este sucedáneo del gasoil es un ahorro de la misma magnitud para la compañía. A escala nacional (todas las petroleras), significaría pasar de gastar $6.700 M al año (tomando los valores de julio) a $5.700 millones.
d) Antipatía. Difícil de evaluar, pero se sostiene que algún ala del Gobierno (habría otra que sí) no simpatiza con el uso de la producción agrícola para la elaboración de combustibles.
Cómo sigue. "Estamos en el peor de los escenarios", se lamentaba un consultor en biocombustibles por estos días.
En principio, el sector más vulnerable son las pequeñas y medianas fábricas que: a) no tienen la posibilidad de exportar; b) tienen procesos más ineficientes en términos relativos; c) dependen del corte obligatorio; y, d) recién comenzaban a operar y están muy lejos de tener amortizada la inversión.
Este segmento, nucleado en la Cámara de Empresas Pymes de Energía y Biocombustibles (Cepeb) ya ha hecho pública su preocupación. "A los valores actuales del aceite de soja y con el precio fijado por la Resolución 1.436, los pequeños y medianos productores no integrados estaríamos obteniendo un margen negativo de hasta $900 por tonelada", se lamentaban en una carta enviada a los tres ministros firmantes de la resolución.
Este sector, a pesar de tener una participación minoritaria es responsable de la mayor parte de los puestos de trabajo de esta novel industria. "Mientras una planta de 250.000 toneladas se opera con 20 personas, una de 50.000 como las nuestras, requiere de 50", apuntan. Este segmento se desespera por estas horas en lograr algún acuerdo con las autoridades que le permita continuar la operación. El segmento de las mega no integradas es una incógnita, ya que dependen de la materia prima de los aceiteros. Entre ellas está Unitec Bio, una compañía que forma parte de un grupo de buena relación con el gobierno y que ha menudo es citado como ejemplo.
Finalmente, en el segmento de las grandes crushers, donde operan tanto multis como nacionales, solas o en joint venture, hay una gran incógnita.
Algunos ven detrás del precio para mercado interno el compromiso de alguna compañía de proveer el bio a ese valor. Ese precio es muy cercano sino igual al de paridad de importación del gasoil.
Las opiniones se dividen en este punto, pero coinciden en que por eficiencia y versatilidad es el segmento con mejores posibilidades de sobrevivir, al menos en el mediano plazo.
Algunos hasta las imaginan comprando o alquilando las plantas no integradas. "En todo caso, lo que es casi seguro es que esto tenderá a aumentar la concentración en el negocio", se lamentan. (Info Campo)
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